The Modern Jazz Quartet – The Modern Jazz Quartet

Puntuación: 7/10

Uno de los grupos más importantes para el desarrollo y evolución del jazz, formado por músicos de renombre y gran talento, fue The Modern Jazz Quartet (MJQ). Desarrolló su actividad durante cuarenta años, en los cuales el cuarteto publicó más de cincuenta álbumes, lo que sólo es una de las numerosas muestras de la creatividad de esta banda.

Sus integrantes originales (que además se mantuvieron estables durante toda la vida del grupo a excepción del batería) fueron Milt Jackson al vibráfono, el grandísimo John Lewis al piano, el genial Percy Heath al contrabajo y Kenny Clarke a la batería, quien sería sustituido por Connie Kay en 1955.

Jazz is endless

Esta es la formación que podemos escuchar en el primer LP de la banda, titulado The Modern Jazz Quartet y publicado en 1952. Este es un trabajo notable tratándose de un debut, ya que nos encontramos con versiones de clásicos del jazz bien trabajadas así como con piezas propias en los que se puede escuchar el incipiente sonido propio del cuarteto.

A pesar de estos aciertos, en ocasiones se puede apreciar cierta falta de desarrollo en los temas, pero ello es suplido por los estupendos (aunque cortos) solos de Jackson y Lewis. De los doce temas que conforman el disco destacamos dos, que comentamos a continuación. Os dejo también una lista de reproducción con el álbum completo.

El primero es el que abre el LP, “Softly, As In A Morning Sunrise”, canción tomada de la opereta The New Moon del compositor de musicales Sigmund Romberg. En esta versión el vibráfono sustituye a la voz con excelentes resultados, pues el sonido dulce e introspectivo de este instrumento casa muy bien con la atmósfera delicada y melancólica que transmite este tema. Las improvisaciones que siguen resultan originales y de buen gusto.

El segundo es “Bluesology”, perteneciente a Milt Jackson, lo que demuestra su valía no solo como intérprete sino también como compositor. Se trata de una pieza con un cierto toque bluesero, lo que la da un sonido más auténtico y menos académico. El vibráfono es aquí el auténtico protagonista, pues Jackson hace gala del dominio de su instrumento, regalándonos largas cascadas de ágiles notas ejecutadas con mano experta.

En definitiva, The Modern Jazz Quartet es un disco que vale la pena escuchar, ya que resulta interesante oír el sonido primigenio de este grupo antes de que se convirtiese en uno de los más grupos más innovadores e importantes de la escena jazzística de los Estados Unidos. Ciertamente recomendable.

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Charlie Parker – Charlie Parker With Strings

Puntuación: 7/10

Charlie Parker fue uno de los mejores saxofonistas de todos los tiempos y uno de los músicos de jazz más importantes de la historia. Un artista clave que revolucionó el género gracias a su técnica virtuosística, su innovador estilo y sus originales composiciones, auténticas joyas del jazz que siguen siendo estudiadas e interpretadas hoy en día.

Otro de los factores por los que Parker es recordado y que sin duda ayudó a forjar la leyenda fue su temprana muerte (a los 34 años) y su trágica vida, arruinada por la heroína, la muerte de una hija por neumonía a la que siguieron dos intentos de suicidio y la progresiva decadencia en la que se vio sumido debido a su adicción a las drogas.

Charlie Parker. Yardbird (X5 Music Group)

Pese a todo esto, consiguió mantener un alto nivel hasta casi el final de su vida, en 1955, tocando con los más grandes de la escena de ese momento (el mismo era uno de ellos) y realizando grabaciones antológicas tanto de estudio como en directo, consideradas de escucha obligada para cualquier amante del jazz.

El álbum que hoy vamos a comentar, Charlie Parker With Strings, es una de sus obras menores, aunque no por ello deja de ser un trabajo interesante que contiene un puñado de buenos temas. En este disco podemos apreciar la faceta lírica y reposada de Parker, acentuada por los arreglos orquestales y el cálido sonido de su saxo alto. Os dejo el álbum completo y comentamos dos piezas del LP.

La primera es “April In Paris”, una hermosa canción perteneciente a Vernon Duke, compositor de musicales de Broadway. Parker transforma esta pieza en una balada de enorme lirismo y sentimiento, mostrándonos su lado más delicado y romántico. La combinación de saxo y orquesta resulta deliciosa y mágica y es, sin duda, el punto fuerte de este tema así como del disco.

La segunda es “Everything Happens To Me”, otra composición reposada y tranquila circundada por una sutil sensualidad que Parker sabe expresar con elegancia y acierto mediante su excelente dominio del saxo. Los arreglos de las cuerdas también son de una gran calidad y ayudan a construir una idílica atmósfera de finura y exquisitez que consigue transmitirnos esta pacífica y deliciosa música.

Resumiendo, Charlie Parker With Strings es un buen disco con algunos temas muy interesantes y de una gran calidad, aun a pesar de que todos estén cortados por el mismo patrón y no dejen lugar para mostrar el virtuosismo de Parker. No obstante, es un trabajo más que correcto con el que cualquiera  puede iniciarse en el jazz, pues es de escucha accesible y agradable. Bastante recomendable.

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Max Roach – Max Roach + 4

Puntuación: 9/10

“Cualquiera puede adquirir la técnica, pero el verdadero reto es traer a este mundo un signo de individualidad y de identificación”. Con esta frase pronunciada por el gran baterista de jazz Max Roach podemos resumir la esencia de su inimitable estilo; máxima que aplicó durante toda su dilatada carrera, la cual duró más de medio siglo y en la que publicó infinidad de discos.

Llegó a tocar con algunas de las figuras más emblemáticas de toda la historia del jazz, como Charlie Parker o Dizzy Gillespie, formando parte del ya inmortal quinteto de este último. A parte de esto, él mismo encabezó su propia banda, por la que pasaron una ingente cantidad de excelentes músicos entre los que se encuentran Ramsey Lewis, Stanley Turrentine o la cantante Abbey Lincoln.

Max Roach, Three Deuces, New York, N.Y., ca. Oct. 1947

Desde niño mostró interés por las big bands y el jazz, por lo que pronto se matriculó en el conservatorio para estudiar percusión, acabando sus estudios en 1942, año en el que empieza a hacer sus primeras actuaciones en locales de la Calle 52, Manhattan. Al poco tiempo, ya era un reputado y prometedor baterista.

En 1956 aparece su segundo álbum como líder, Max Roach + 4, un trabajo fresco y potente que cuenta con la colaboración del trompetista Kenny Dorham, el saxofonista Sonny Rollins, el magnífico pianista Ray Bryant y el contrabajista George Morrow, todos dirigidos por el espíritu enérgico y jovial de Roach.

El LP, compuesto por seis piezas instrumentales de entre dos y nueve minutos, nos muestra a un quinteto entregado, formado por unos músicos entusiastas que muestran su mejor faceta como artistas, donde todos tiene su espacio para desarrollar su talento. Pasemos ahora a comentar el disco.

El álbum se abre con “Ezz-Thetic”, una composición del baterista y pianista George Russell llena de fuerza y vigor, acentuados por el dinamismo que le imprime Roach a esta versión. Tras la presentación del tema por la trompeta y el saxo comienzan a sucederse los solos; en primer lugar podemos escuchar a Sonny Rollins, ofreciéndonos una improvisación original y ágil, seguida por la de Kenny Dorham, quien no se queda atrás en destreza y habilidad.

El siguiente turno es para Ray Bryant, un auténtico genio del piano, tal y como lo atestigua en esta grabación. Finalmente, la batería nos deleita con un solo potente e intenso con el que Roach hace gala de su inmenso talento, tras el cual se hace una breve reexposición de la melodía del principio con la que termina este tema.

“Dr. Free-Zee” es una composición de Max Roach en la que demuestra su valía como percusionista, pues hace uso tanto de los timbales para reproducir con acierto la melodía que tocan los vientos, como de la batería, con la que mantiene un intrincado ritmo que requiere toda la atención del oyente. La percusión es  sin duda la protagonista indiscutible de este tema. Simplemente genial.

La popular canción del compositor de musicales Cole Porter, “Just One of Those Things”, se transforma en una ágil y rauda pieza en la que cada solo es una asombrosa cadencia de notas sin interrupción. Rollins, con su saxo tenor, se encarga de abrir las improvisaciones con una ejecución precisa e increíblemente rápida que dejará a más de uno con la boca abierta.

Pero la trompeta no se queda atrás, pues la interpretación de Dorham es tan impecable o más que la de Rollins. El piano, acompañado magníficamente por el contrabajo (que también toca a una velocidad endiablada) nos ofrece una intervención excelente, tras la cual deja paso a la batería, que con un formidable y extraordinario solo pone fin a la primera parte del LP.

“Mr. X”, también compuesto Roach, nos muestra un jazz inteligente y con estilo, con unas interpretaciones solistas fantásticas. El saxo es el primero en presentarnos sus respetos con un solo ingenioso y ocurrente, con mucho swing. Los siguientes son el de la estupenda trompeta, soberbia como siempre y el del piano, también fabuloso; estos dejan paso a la batería que culmina el tema con su deslumbrante solo.

Podemos escuchar una elegante versión de la canción “Body and Soul”, perteneciente al compositor Johnny Green, en el quinto corte del álbum. El cálido y mesurado saxofón nos muestra el tema base, una refinada y sensual melodía sobre la que los músicos van improvisando con delicadeza y buen gusto.

Una vez acabada la presentación de Rollins, Dorham toma el mando y nos deleita con el sonido quedo pero sumamente agradable de su trompeta; Bryant es el siguiente que nos embelesa con su dulce piano. Asimismo, podemos escuchar un maravilloso solo de contrabajo a cargo de George Morrow, terminando de extasiarnos. El tema acaba con otra intervención del saxo, tan buena como las otras.

“Woody ‘n You” es la última pieza, compuesta por el trompetista Dizzy Gillespie, con el que Roach colaboró de forma habitual. Los vientos presentan el tema brevemente, después de lo cual comienza a improvisar la trompeta con su swing habitual, dejando paso al saxo, que ofrece igualmente una actuación más que digna, en la que la además la trompeta se compenetra con él para crear un interesante contrapunto.

El piano, con la elegancia y distinción que le caracteriza, también realiza un solo atractivo y original. Por último, le llega el turno a Roach con su batería, quien demuestra una vez más su habilidad con las baquetas en un magnífico ejercicio de lucimiento y virtuosismo con el que se da fin al álbum.

Having a Dream

En resumen, estamos ante un gran trabajo de jazz elaborado y tocado con talento y, lo que es más importante, con sentimiento. Todos, pero en especial Max Roach, consiguen transmitirnos la esencia y carácter de su música gracias a sus excelentes interpretaciones, con las que consiguen conquistarnos.

Max Roach + 4 es un disco magnífico para que cualquiera, incluso los no aficionados al jazz, se inicien en la escucha de este espléndido baterista que gracias a su técnica y estilo inigualables logró hacerse un nombre en el mundo de la música. Si te gusta el jazz no te pierdas este LP. Imprescindible.

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Gene Ammons – The Big Sound

Puntuación: 8/10

Gene Ammons, apodado “Jug” (“Jarra”) fue un destacado saxofonista que desarrolló su carrera entre los años cuarenta y setenta, durante la cual llegó a ser una relevante figura del jazz gracias a su inconfundible sonido e indiscutible musicalidad, que se evidenciaba en el tono delicado con el que interpretaba las baladas y la potencia que emergía de su saxo en los temas más enérgicos.

Publicó una infinidad de discos (más de cincuenta) que atestiguan su enorme talento y originalidad, tanto como compositor como instrumentista, siendo algunos de ellos auténticas obras maestras del género que se han convertido en grabaciones antológicas para los amantes del jazz.

El álbum que ahora pasaremos a comentar, The Big Sound, es un ejemplo perfecto de lo que acabamos de decir. Está compuesto por cuatro piezas instrumentales de larga duración en las que Ammons y compañía nos muestran un jazz elegante pero también potente, que va desde piezas suaves y reposadas hasta otras más rápidas y enérgicas.

En este trabajo acompañaron al saxo tenor de Ammons algunos de los mejores artistas del momento, ya que cuenta con la colaboración del gran John Coltrane al saxo alto y el imprescindible Pepper Adams al barítono, además del respaldo de otros músicos de talento, como el flautista Jerome Richardson o el pianista Mal Waldron, por lo que la calidad está más que asegurada.

El LP se abre con “Blue Hymn”, una composición del propio Gene Ammons en la que se refleja el gusto exquisito del saxofonista a la hora de componer, sirviendo además para desplegar todo un colorido abanico de improvisaciones que comienzan con el saxo de Ammons, el cual hace gala de un estilo personalísimo en el que lo que más destaca es la suavidad y moderación de su interpretación.

El segundo solo lo emprende Richardson con su flauta travesera, consiguiendo que prestemos toda nuestra atención a su rápidas pero dulces cadencias, que va desarrollando progresivamente (en contraste con la “calma” que transmite Ammons) lo que dinamiza el tema y lo hace aún más interesante.

A la flauta le sigue el piano, tocado por Waldron, cuya intervención resulta agradable y sutil, maravillosamente acompañada por el contrabajo de George Joyner y la batería de Art Taylor. Ammons es quien toma la última palabra deleitándonos de nuevo con otros solo suyo con el que termina esta primera composición.

“The Real McCoy”, compuesto por el pianista Mal Waldron, nos ofrece un jazz ágil, vivo, presentándonos una sección de viento engrosada con tres saxos más, la cual se encarga de de exponer la melodía principal, que recuerda ligeramente a la música producida por las big bands. 

El primer solo es para el saxo tenor de Ammons, que improvisa magníficamente con el particular estilo que lo hace tan reconocible. A este le sigue el también saxofonista Paul Quinichette, tras el cual el podemos escuchar a Pepper Adams con su saxo barítono y después de él al genio de John Coltrane, quien derrocha virtuosismo en cada nota que emite. Sin duda, un tema que merece ser escuchado más de una vez.

La tercera pieza del álbum es “Cheek to Cheek”, obra perteneciente a Irving Berlin, conocido por ser uno de los compositores de musicales más importantes de todos los tiempos. Se trata de un melodía alegre y animada, con un cierto toque exótico que se encargan de aportar el saxo y la batería.

La que posiblemente sea la mejor intervención de Gene Ammons del disco la encontramos aquí, pues nos ofrece una interpretación muy original, ágil y melodiosa, consiguiendo improvisar de una manera prodigiosa; pero no todo el mérito se debe a él pues los instrumentos de acompañamiento (contrabajo, batería y piano) realizan un gran trabajo que también ha de ser tenido muy en cuenta.

Los siguientes solos son los de la flauta, que rebosa talento y musicalidad a partes iguales y compite en habilidad y elegancia con el saxo; y, finalmente, el del piano, al que también es un placer escuchar, pues juega con destreza y pericia con los graves y agudos del piano en una atractiva y maravillosa ejecución virtuosística.

El LP finaliza con “That’s All”, un tema cálido y apacible en el que el Ammons transmite una enorme sensualidad a través de un sonido elegante y refinado, que ayudan a perfilar los acordes del piano, la tersa batería (tocada con escobillas) y el insondable contrabajo. Sobre esta distinguida base el saxo tenor nos presenta una interpretación solista comedida pero cargada de un profundo lirismo.

El tono dulce y claro de la flauta travesera se adapta estupendamente a esta sedosa pieza, tal y como se aprecia de forma patente en su solo, de un sonido y originalidad exquisitos. El saxo barítono del genial Pepper Adams vuelve a aparecer aquí para entregarnos una última actuación, interpretando con un carácter personal y expresivo, que resulta muy agradable al oído.

El siguiente turno es para el piano que, manteniendo la costumbre, regala al oyente una grata cadencia de notas ejecutadas con mano experta y segura que atrapa sin remedio. El contrabajo también tiene su momento de gloria con un solo repleto de profundas notas que ahondan en la introspección del tema. Por último, el saxo de Ammons vuelve a aparecer para poner fin a esta bella pieza, así como al álbum.

Hot Sax

The Big Sound es, en definitiva, una joya relativamente desconocida del jazz de los cincuenta, pero que debe ser tenida en cuenta, tanto por el alto nivel técnico de sus intérpretes como por las magníficas y sensuales melodías que podemos escuchar, en las que podremos apreciar toda la pasión y talento de los músicos.

Gene Ammons, aunque sin el virtuosismo de otros contemporáneos suyos, fue, sin lugar a dudas, un gran músico y saxofonista que supo plasmar mediante su instrumento todo los sentimientos que despertaba el jazz en él, y The Big Sound es una buena muestra de ellos. Sin lugar a dudas, este es un trabajo que todo melómano y amante de la buena música debería escuchar. No te lo pierdas.

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David “Fathead” Newman – Fathead: Ray Charles Presents David Newman

Puntuación: 8/10

Aunque no tan conocido como otros saxofonistas del jazz y sin llegar a a los altos niveles de virtuosismo de contemporáneos suyos como John Coltrane o Charlie Parker, David “Fathead” Newman fue un gran músico con un sonido inconfundible que se movió por un amplio abanico de géneros, desde el hard bop hasta el jazz blues.

Aunque su carrera profesional comenzó a principios de los cincuenta, no fue hasta mediados de esta década, cuando empezó a trabajar con Ray Charles, que se hizo un hueco en el mundo del jazz pudiendo publicar así su primer trabajo como solista en 1958, titulado Fathead: Ray Charles Presents David Newman.

Dicho trabajo cuenta con la colaboración de algunos de los mejores músicos del momento, con el propio Ray Charles al piano, el genial Marcus Belgrave a la trompeta y el también saxofonista Hank Crawford al saxo barítono, por lo que la calidad está asegurada, como así lo atestiguan los ocho temas que componen este álbum.

El LP fluctúa entre dos de las corrientes jazzísticas de moda en los cincuenta: el hard bop y el soul jazz. Ambos géneros se caracterizan por una vuelta a los orígenes mediante la revalorización de estilos como el blues o el gospel, mediante los cuales se intentan evocar las raíces musicales de las que se derivó el jazz. Os dejo ahora una lista de reproducción con el disco completo y pasamos a comentarlo.

El álbum se abre con “Hard Times”, que comienza con la exposición de la melodía principal por parte de Newman (saxo alto) quien también realiza el primer solo, elegante y brillante, tras el cual le deja paso a Crawford y este, a su vez, a Charles con su piano, quien demuestra su incuestionable talento a las teclas. El solo final es para la trompeta de Belgrave, que destila agilidad y buen gusto.

En “Weird Beard” podemos disfrutar de una composición de Crawford, en cuya ejecución observamos la gran compenetración entre todos los instrumentistas y, más concretamente entre los vientos. Los dos primeros solos son para los saxofonistas, que son fácilmente identificables por su sonido y su estilo propios. La trompeta y el piano tienen igualmente su espacio protagonista, que usan a plenitud para nuestro deleite.

“Willow Weep For Me” es un tema sensual y reposado en el que la maravillosa conjunción piano-saxo crea una atmósfera cálida y encantadora. La musicalidad de Newman esta aquí presente en todo su esplendor, de forma que atrapa al oyente con cada de las arrebatadoras notas que emite. La trompeta, asimismo, usando la sordina, consigue mantener ese aura mágica y serena que emana cada acorde. Una gran interpretación.

La primera parte del vinilo original termina con “Bill For Bennie”, otro tema compuesto por Crawford, muy enérgico y poderoso, en el cual los músicos realizan improvisaciones dinámicas y ágiles, cada una de ellas ejecutada con carácter y el toque personal de estos. Destacan sobre todo los solos del saxo alto y de la trompeta, así como los arreglos e intervenciones del piano, llevados a cabo por el inimitable Ray Charles.

David 'Fathead' Newman

La segunda parte empieza con “Sweet Eyes”, una composición amena y decidida en la que, tras la presentación del tema base, se suceden los diferentes solos sin interrupción, comenzando por el saxo tenor de Newman y continuando por el barítono de Crawford, seguido por uno de trompeta, igual de potente que los anteriores, finalizando la exposición con Charles y su singular estilo.

El sexto corte del LP es “Fathead”, compuesto por el mismo David “Fathead”. Sirve esta composición para el lucimiento y talento de Newman, que combina magníficamente velocidad y musicalidad de forma que una no eclipsa a la otra. Tanto el solo de trompeta como el de saxo barítono son muy buenos, sin olvidarnos tampoco del excelente piano, que da paso a una última intervención del saxo alto con el que finaliza el tema.

En “Mean To Me” la melodía base la presentan los saxos y la trompeta, en un alarde más de compenetración. El primer solo le corresponde, como viene siendo habitual, al saxo alto, que presenta todas las características propias a David Newman. El segundo lo ocupa el trompetista Belgrave y el tercero Crawford; con lo que Ray Charles se encarga de enlazar su solo con la reexposición del tema principal con el que termina esta genial composición.

“Tin Tin Deo” es el último corte del disco, en el que la percusión emula ritmos latinos para dar al tema un toque tropical y exótico durante la exposición de la melodía. Los solos resultan a su vez sensuales y atractivos, mostrando el potencial y genio de los instrumentistas; no se podría decir cuál de ellos es mejor. Pero destacaremos el del saxo tenor y el de la trompeta, ambos increíbles y de un alto nivel técnico.

Sax In Color

Con esta última pieza se cierra Fathead: Ray Charles Presents David Newman, un álbum de gran calidad, tanto sonora como interpretativa, gracias al cual podemos disfrutar de un ejemplo maravilloso de lo que fue el hard bop y de unos músicos que, pese a su juventud, demuestran una enorme madurez musical.

Sin duda, este es un trabajo que los amantes de la buena música y del jazz encontrarán exquisito, ya que sus elegantes solos y sus espléndidos arreglos serán del agrado de los más exigentes. David “Fathead” Newman fue un saxofonista excelente y en este primer disco suyo lo demuestra con creces. No te lo pierdas.

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Ray Charles – Ray Charles at Newport

Puntuación: 9/10

Potente, idiosincrásico, innovador, con personalidad; así podríamos definir el estilo de Ray Charles, uno de los músicos de mayor talento y fama que nos dio el siglo XX. Con una voz única e inimitable y una forma inconfundible de tocar el piano, conquistó a millones de fans a lo largo de casi seis décadas durante las cuales se entregó en cuerpo y alma a una de las artes más bellas que existen: la música.

A finales de los cincuenta, su carrera iba en boga, gracias a los numerosos éxitos que había obtenido en forma de singles, varios de los cuales alcanzaron los primeros puestos de las listas de “hits” estadounidenses. Gracias a todo esto, en apenas dos años (1957-1958) pudo publicar nada menos que cinco álbumes, cuatro de estudio y uno en directo, que le reportaron todavía más fama.

Ray Charles

Ese primer LP en vivo, Ray Charles at Newport, es en el que hoy nos vamos a centrar. Se trata de un disco con una calidad de sonido excelente (estamos hablando de 1958, lo que tiene aun mayor mérito) que permite escuchar clara y nítidamente todos los detalles de los ocho temas que lo componen, permitiendo disfrutar del inmenso genio de Charles y sus músicos acompañantes en todo su esplendor.

Entre dichos músicos encontramos a grandes personalidades del jazz como David “Fathead” Newman (saxo tenor) o Hank Crawford (saxo barítono), que demuestran sobradamente su gran capacidad musical medinate sus geniales solos. Como curiosidad, mencionar que estos dos artistas murieron con nueve días de diferencia: el 20 de enero de 2009 Newman y el 29 Crawford.

Así pues, en este álbum encontramos una mayor presencia del jazz que en otros trabajos de Ray Charles, lo que le permite desarrollar su faceta más creativa mediante la improvisación, tanto con el piano como con la voz, proporcionando un tono y matiz distintos a algunas de sus canciones más conocidas. Os dejo el disco completo para que podáis escucharlo mientras leéis y pasamos a comentarlo.

El LP comienza con “Night Time Is the Right Time”, un R&B alegre de medio tiempo interpretado con mucho swing. La voz de Charles, respaldada por los coros femeninos de The Raelettes, suena magnífica; sin embargo, la cantante líder del grupo vocal le hace una dura competencia, entonando con una pasión y sentimiento difíciles de igualar. Un duelo de talentos que enriquece sobremanera esta canción inicial.

“In a Little Spanish Town” es un tema instrumental (aunque no carente de voces, pues aportan riqueza armónica) en el que se intenta evocar el exotismo y júbilo idílicos que se pueden encontrar en un pequeño pueblo español. Los vientos (saxos y trompetas) toman aquí el papel protagonista, ejecutando una música alegre y cálida mientras la percusión aporta ese toque foráneo a la melodía que la hace tan pegadiza.

El tercer corte del LP es “I Got a Woman”, que ya podíamos escuchar en el debut del cantante, llamado como él mismo: Ray Charles (podéis escuchar y leer el comentario que hicimos sobre la versión de estudio pinchando aquí). En este directo comienza de forma sentimental y melancólica para pronto transformarse en una canción animada y potente, en la que Ray nos ofrece una de las mejores interpretaciones vocales del disco.

Mientras la batería, el contrabajo y la sección de viento-metal tocan la base armónica y rítmica del tema con energía y brío, Charles improvisa dándole distintos “giros” a la melodía, pero sin que llegue a perder su seña de identidad, en una flagrante demostración de su extraordinario genio musical. Sin duda, una maravilla que vale la pena oír más de una vez.

Podemos escuchar una nueva composición instrumental en “Blues Waltz”, que comienza con una introducción de batería, tras la cual los vientos tocan el tema principal sobre el que improvisarán después los instrumentistas. La primera en ejecutar su solo es una de las trompetas, que desarrolla con un fraseo y agilidad excepcionales. A este le sigue el del saxo barítono, también muy bueno y dinámico.

El tercer y cuarto solo le corresponden a la segunda trompeta y al saxo tenor, que tocan con un sentimiento y visceralidad dignas de los grandes del jazz. La última intervención es para Ray Charles, que nos encandila con su piano gracias a su interpretación elegante y sofisticada, rebosante de musicalidad. Esta es, por tanto, una composición en la que se respira jazz por cada acorde. Una auténtica delicia para los sentidos.

Ray

“Hot Rod” es otro tema puramente  jazzístico, compuesto por el mismo Charles, en el que podemos disfrutar del virtuosismo y destreza de los intérpretes. Tras la presentación de la melodía central, se empiezan a suceder los solos sin interrupción. Nos llega primero el de uno de las trompetas, seguido por otro de Newman y otro más de trompeta, finalizando la exposición con un solo de Crawford. Una muestra de jazz de primera calidad.

La sexta canción es “Talkin’ ‘Bout You”, un R&B animado y resuelto pero con un cierto toque nostálgico que hace que el tema sea más expresivo. Aquí vuelven a aparecer los coros de The Raelettes que, además de proporcionar un sonido cercano al gospel, apoyan la excelente voz de Ray. La canción se completa con un formidable solo de saxo que la hace inolvidable.

El penúltimo tema del álbum es “Sherry”, una composición instrumental más de jazz perteneciente al saxofonista Hank Crawford. La melodía de base, que ejecuta la sección de viento-metal, da pie al solo de piano de Charles, original, fresco y auténtico como pocos. Es también sobresaliente el trabajo que realizan la enérgica batería y el profundo contrabajo, sin los cuales este gran tema no sería posible.

El disco finaliza con “A Fool For You” (también incluida en el LP Ray Charles cuya crítica podéis leer aquí), un blues lento e introspectivo en el que Charles se expresa cantando con todo el ardor de su alma, arropado por el elegante sonido de su piano, la potencia mesurada de la batería, las insondables notas del contrabajo y la sonoridad cálida y sutil de los vientos.

La canción va creciendo en intensidad a medida que el canto vehemente de Charles aumenta en sentimiento hasta que finalmente culmina con una apoteosis embriagadora que expresa mejor que nada toda la fuerza contenida en este blues. Sin duda, la mejor manera de cerrar el álbum.

17 - Ray Charles

Ray Charles at Newport es, en definitiva, un gran trabajo en el que se combinan con ingenio y buen gusto el jazz, el blues y el R&B de forma tan extraordinaria y magistral que a veces es difícil definir la línea que separa un género de otro. Una virtud más que se debe al exorbitante talento Ray Charles, tan grande que se puede apreciar en cada nota que canta o toca.

En resumen, estamos ante un magnífico disco en vivo, con un calidad de sonido excepcional y una música que lo es todavía más gracias a unos músicos sensacionales que demuestran que saben lo que hacen en todo momento. Un LP que no defraudará a los melómanos ni a los entusiastas del jazz. Una verdadera joya. Imprescindible.

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Ruth Brown – Miss Rhythm

Puntuación: 7/10

Conocida por ser una de las pioneras en interpretar aquel novedoso estilo musical que había surgido a finales de los años cuarenta en los Estados Unidos y que se conoció como rhythm and blues, Ruth Brown fue una de las primeras voces negras en emanciparse del jazz y el gospel que hasta ese momento se cantaba para embarcarse en un nuevo género de ritmos movidos y melodías dinámicas.

Influenciada por las cantantes de su generación, como Sarah Vaughan o Dinah Washington, pero con un estilo alejado de éstas, cultivó una música de carácter propio y personal que le valió el título de Reina del R&B; y aunque nunca alcanzó la fama de otros artistas de su tiempo sí fue una de las pocas que supo recoger en su voz la esencia de la música que interpretaba.

R&B Singer Ruth Brown, 1928-2006

Obtuvo su mayor período de éxito en la década de los 50; no obstante, decidió retirarse de los escenarios a principios de los 60, no volviendo a aparecer sobre ellos hasta mediados de los 70, tiempo durante el cual su fama fue creciendo otra vez, poco a poco, hasta que a finales de los 80 volvió a deleitar a sus fans con discos de excelente calidad, lo que le valió entrar en el Salón de la Fama del Rock en 1993 con el título de Reina Madre del Blues.

Miss Rythm es su cuarto álbum de estudio y una pequeña joya compuesto por doce temas que, a pesar de la austeridad musical que puedan presentar algunos, presenta algunas de las mejores canciones de la carrera de Ruth Brown. Os dejo una lista de reproducción con el disco completo y pasamos a comentar algunas canciones del LP.

“This Little Girl’s Gonna Rockin'” abre el álbum con calma y moderación para rápidamente convertirse en una animada canción en la que podemos apreciar todas las dotes vocales de Brown, que nos ofrece una interpretación de gran calidad. Y, como complemento de la voz, tenemos un alegre y decidido solo de saxo que enfatiza aun más el espíritu optimista y eufórico de la melodía.

Una composición más reposada se nos ofrece en “I Can See Everybody’s Baby”, que resulta ser un R&B elegante y refinado, en el que la gran voz de Brown es apoyada por unos coros masculinos que recuerdan al doo wop, además de contar con un piano y una sección de viento que realizan unos atractivos arreglos sobre los que después improvisa el saxo, agregando mayor vistosidad al tema.

Resumiendo, Miss Rhythm es un trabajo más que correcto, podría decirse que hasta notable, que cuenta con un puñado de buenas canciones, algunas de las cuales se convirtieron en parte del repertorio emblemático de esta destacada cantante, que cultivó el R&B como ninguna otra. Un disco ciertamente recomendable.

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Big Joe Turner – The Boss of the Blues

Puntuación: 10/10

Aunque hoy en día desconocido para muchos, Big Joe Turner es una de las figuras más importantes del blues y un artista imprescindible para comprender a plenitud el surgimiento y evolución del rock and roll, nacido gracias a músicos como él, que supieron ver más allá de sus raíces y hacer progresar el blues y otros géneros hasta convertirlos en algo totalmente nuevo y novedoso.

Nacido en 1911 en Kansas City, Joseph Vernon Turner se inició pronto en el mundo de la música cantando de niño en la calle por unas monedas; cuando aún era un adolescente, la trágica muerte de su padre en un accidente ferroviario le obligó a dejar la escuela y trabajar en locales nocturnos como camarero y cocinero, donde a veces se quedaba a tocar con los músicos en largas jam sessions.

Fue en ese ambiente impregnado de jazz, tabaco y alcohol donde Turner aprendió a cantar el auténtico blues gracias al contacto con numerosos artistas ambulantes que le enseñaron todos los secretos del negocio; esto, sumado a su deseo de aprender y a sus rápidos progresos hicieron que pronto se dedicara profesionalmente a la música.

Poco a poco consiguió ir haciéndose un hueco en la escena musical de su época, ya que su poderosa voz impresionó a algunos promotores musicales que vieron en él a un nuevo talento. Así pues, pronto actuó en lugares tan emblemáticos como el Carnegie Hall de Nueva York junto a artistas de la talla de Big Bill Broonzy, Sonny Terry o Count Basie.

Durante todo este tiempo desarrolló un estilo propio e inconfundible, con una forma de cantar que su intensa y robusta voz hacía muy especial, que además se amoldaba perfectamente a la música que él interpretaba: el jump blues, subgénero del blues muy popular en los años 40 y 50 del que Turner fue uno de sus mayores exponentes.

Selections from My Jazz Album Collection

El jump blues se caracteriza por sus ritmos heredados del boogie-woogie y por su orquestación similar a la de las big bands del jazz de los años 30, aunque con un menor número de instrumentos. De forma paralela, también podríamos decir que este estilo bebe directamente de la música swing, siendo a veces casi imposible diferenciar un género de otro, ya que ambos son muy parecidos.

Otra característica de esta música es que la guitarra pierde importancia en favor de una mayor relevancia para instrumentos como el saxo o el piano. Por eso, en este disco la guitarra se mantiene en un segundo plano, marcando los acordes de la canción, mientras que los instrumentos típicamente asociados  al jazz desarrollan solos virtuosísticos y de gran calidad que enriquecen el tema.

Gracias a su música bailable y alegre, con mucho ritmo, y su capacidad para abarcar desde baladas hasta el blues más clásico pronto hicieron medrar a Big Joe Turner en la opinión popular, permitiéndole desarrollar su inmenso talento y alcanzar un éxito más que merecido con temas tan conocidos como “Shake, Rattle and Roll”, popularizado más tarde por Bill Haley and His Comets.

Una carrera consagrada a la música que se prolongó durante 60 años y en la cual publicó más de 20 álbumes y varios singles que llegaron al primer puesto de las listas de éxitos de los Estados Unidos le permitieron entrar en el Salón de la Fama del blues en 1983, dos años antes de su muerte, inmortalizándose así modo la figura de este gran músico.

El disco que vamos a analizar es The Boss of the Blues, su segundo trabajo y probablemente el mejor de su carrera. En él podremos disfrutar de diez excelentes temas que combinan de forma magnífica el jump blues con el swing más ágil y vivo, resultando una fórmula muy atractiva para el oyente. Os dejo el álbum completo para que podáis escucharlo según leéis.

El tema encargado de abrir el LP es “Cherry Red”, un blues de medio tempo que comienza con una interesante entrada del piano a la que sigue la vigorosa voz de Turner, que entona con seguridad y energía, mientras la trompeta realiza improvisaciones entre verso y verso. Contamos también con un maravilloso solo de trombón, sereno y refinado, aportando calidez y elegancia a esta genial canción introductoria.

“Roll ‘Em Pete” es un blues rápido y ligero en el que se ya se entrevén algunos elementos que después serían esenciales en el rock and roll, como son la velocidad del tempo o el acentuado ritmo que se encarga de marcar el piano, así como algunos “giros” que este realiza en sus solos, que preludian a los pianistas del rock que llegarían poco después imitando este estilo.

La tercera canción es “I Want a Little Girl”, un swing exquisito y con mucho clase. Empieza con un solo de trompeta elegante y sugerente, dando paso a la voluminosa voz de Big Joe, que se adapta muy bien a este tema más reposado. Después nos llega uno de saxo, muy bien trabajado y original, seguido de otro de trombón, igual de bueno. Sin lugar a dudas, estamos ante una composición e interpretación excelentes.

En “Low Down Dog” nos encontramos con una de las mejores muestras de improvisación jazzística de todo el álbum, pues los solos se suceden sin interrupción y casi sin que uno se de cuenta, restando protagonismo a la voz en favor de las extraordinarias intervenciones del piano, la trompeta y los saxos, que aportando al tema una gran calidad, tanto artística como sonora.

La cara A del vinilo original finaliza con “Wee Baby Blues”, una canción lenta y tranquila en la que el buen gusto y el refinamiento de los arreglos crean una deliciosa y sensual atmósfera inflamada por el talento de los músicos que la sostienen. Comienza este blues con un larga introducción de piano, que permite a Pete Johnson dar una muestra de su potencial y carisma musicales, regalándonos una de sus mejores solos.

Seguidamente, entra Joe Turner con su potente chorro de voz, dotando al tema de personalidad y encanto, encandilando rápidamente al oyente. Sendas intervenciones de trombón y saxo, de una riqueza musical y estilística excepcionales, terminan de hacer que esta canción sea simplemente perfecta. Una auténtica delicia para los sentidos.

Selections from My Jazz Album Collection

La segunda parte del LP empieza con “You’re Driving Me Crazy”, una animada canción con una melodía alegre y risueña que se encargan de presentar los vientos, con solo de trombón incluido. Tras este prólogo Turner tiene el camino preparado para poder cantar con total libertad, apoyado por su magnífica banda, que aun nos deleita con dos participaciones protagónicas del saxo y la trompeta. Una maravilla, sin duda.

El sonido agudo pero sumamente refinado de la trompeta abre con un excelente solo el tema “How Long Blues”, un medio tiempo reposado pero fresco, con el poderío habitual de la voz de Big Joe Turner y las acostumbradas actuaciones solistas de saxo y piano, ambas muy originales y construidas con un gusto exquisito, proporcionando elegancia y distinción a este fantástico blues.

La octava canción es “Morning Glories”, un movido y animado swing en el que los diversos instrumentos de acompañamiento realizan pequeñas improvisaciones por detrás de la voz hasta que llegamos a un estupendo solo de saxo, que resulta cálido y moderado, pero manteniendo la espíritu del tema, mientras el resto de la banda apoya de genialmente al solista. Una auténtica gozada.

Los vientos se encargan de presentar “St. Louis Blues” con una melodía enérgica y dinámica que abre el camino para Turner, que canta con su destreza habitual, mientras que, primeramente el piano y después la trompeta, improvisan por entre los versos que canta Big Joe, dando a la canción una mayor riqueza musical. Esta se completa con unos magníficos solos de saxo y trompeta que convierten este blues en algo inolvidable.

El último corte del disco es “Piney Brown Blues”, en el que el pianista Pete Johnson nos da una última muestra de su habilidad con el piano mediante una introducción solista que inmediatamente da paso a la potente voz Big Joe Turner. Y para completar la canción, tenemos unos solos maravillosos de saxo (tanto tenor como alto) y trombón que añaden, si cabe, más calidad a este grandioso tema final.

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Así termina The Boss of the Blues, un álbum extraordinario, sensacional, que te atrapará sin remedio con su música a medio camino entre el blues y el swing, que se dio en llamar jump blues, gracias a la cual (junto a otros muchos estilos) fue posible el nacimiento del rock and roll.

Big Joe Turner fue uno de los artistas más originales y prolíficos del blues y en este LP lo demuestra sobradamente, pues en las diez canciones que lo componen no hay ni un solo momento en que la música no suene atractiva y fresca, a pesar de haber pasado casi 60 años desde su publicación.

The Boss of the Blues es un disco que no defraudará y dejará plenamente satisfechos a los apasionados del blues y del jazz, que encontrarán en este trabajo una joya de gran calidad sonora e interpretativa, mientras que los amantes por el rock and roll encontrarán uno de los pilares sobre los que se construyó el género. Una obra maestra imprescindible.

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Ray Charles – Ray Charles

Puntuación: 9/10

La vida fue dura con él: no conoció a su padre, a los cinco años vio a su hermano morir ahogado en la bañera y, por si esto fuera poco, poco después quedó totalmente ciego a causa de un glaucoma, y para cuando tenía catorce años, su madre murió, quedando completamente desprovisto de su familia más cercana. Sin embargo, esto no le impidió desarrollar su talento y convertirse en uno de los músicos más reconocidos del siglo XX.

Estamos hablando, por supuesto, del cantante, saxofonista y pianista Ray Charles, una eminencia de la música que, a once años de su muerte, todavía permanece presente en la memoria de muchos, mientras su música sigue siendo escuchada por miles de fans que no olvidan a esta leyenda que cultivó gran cantidad de géneros, desde el blues, pasando por el jazz, hasta el rock and roll y el country.

Ray Charles

Su estilo resulta inconfundible, pues tenía una de las más reconocibles y mejores voces de la música americana y, más concretamente, del R&B y el soul, que combinó con otros géneros, tomando aquellos aspectos que más le interesaban de cada uno hasta crear una música propia y de gran calidad.

Una vida consagrada al arte de las musas durante una dilatada carrera que duró casi 60 años durante la cual publicó más de 50 discos de estudio y nada más y nada menos que 127 singles le permitió ser honrado con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood en 1981 y entrar en el Salón de la Fama del Rock en 1986, entre otros honores. Hasta existe una película, Ray, ganadora de dos Oscars, basada en su vida.

El álbum que hoy vamos a comentar es el primero que salió a la luz de muchos, llamado como él mismo, Ray Charles. Un trabajo excelente en el que el famoso pianista nos deleita con catorce magníficos temas. Os dejo el LP completo para que podáis ir escuchándolo mientras leéis y pasamos a hora a analizarlo.

“Ain’t That Love” es el tema encargado de abrir el álbum, una muestra del personalísimo soul de Charles, en el que confluyen en una maravillosa amalgama el gospel de los coros, el jazz de la sección de viento-metal y el ritmo del R&B, sintetizado en las palmas y la pandereta. El disco no podría comenzar de mejor forma que con esta canción, desprendiendo alegría y buen humor a partes iguales.

En “Drown in My Own Tears” nos encontramos con un tema lento y reposado, que se recrea en los jazzísticos acordes del piano y en el sensual sonido de los saxos y trompetas. Se trata de un blues instrospectivo y potente en el que Ray Charles da lo mejor de sí mismo, ofreciendo una interpretación sentida como pocas y, respaldado por los músicos de su banda, nos encandila sin remedio, liberándonos solo cuando termina la canción.

13 - Ray Charles

“Come Back Baby” es otro blues lento y melancólico en el que Ray, acompañado de su inseparable piano y de los otros instrumentos de la banda, nos obsequia con uno de los mejores temas del álbum, en el que la fuerza y la pasión de la música lo impregna todo, de tal forma que, Charles, empapado de un profundo sentimiento nacido de la nostalgia , emociona al oyente con su ardiente voz, aún cuando no entienda la letra.

La cuarta canción es “Sinner Prayer”, un tema penetrante e intenso, en el que el piano tiene una importante presencia, pues aparte de construir la base sobre la que se sustenta la voz, es aquí el hilo conductor, guiando al resto de instrumentos a través de sus hondas y pasionales notas, mostrándonos de esta forma, y una vez más, el inmenso talento  musical de Ray Charles.

El quinto corte del LP es “Funny (But I Still Love You)”, en el que la magnífica combinación de blues y jazz nos ofrece una melodía sosegada, elegante y muy sensual. Si a esto le sumamos el agradable y refinado sonido de la guitarra, los plácidos acordes del piano, el apacible susurro de las escobillas con las que toca la batería y la cálida voz de nuestro pianista, el acabado final no podría ser de más calidad.

“Losing Hand”, es un blues introspectivo, otoñal, de una insondable tristeza, que sólo el talento de Ray Charles sabría transmitir en su máxima expresión. Destacan las excelentes y originales improvisaciones del piano entre verso y verso, lo que hace que la canción sea aún más auténtica; como también la voz de Ray, dotada de un inusitada nostalgia que se grabará a fuego en la memoria del buen oyente.

La cara A del vinilo original termina con “A Fool for You”, un tema tranquilo y pausado pero interpretado con la garra y pasión que se deduce del soul. Es aquí sobresaliente la voz (como en otras muchas canciones del disco), ya que, a su reconocible timbre se suma el entusiasmo y energía de su canto, que junto al acompañamiento instrumental resulta en un auténtico placer para los oídos.

Ray Charles

La segunda parte comienza con “Hallelujah I Love Her So”, el tema estrella del álbum y uno de los mayores éxitos del pianista procedente de Georgia. Se trata de un R&B alegre y optimista, en el que destacan los arreglos y la jovialidad de la música. Tenemos también un solo de saxo repleto de musicalidad y buen gusto, que sirve de complemento a la increíble voz de Charles. Sin duda, una de sus composiciones más destacadas.

“Mess Around” es una canción ágil, veloz, rebosante de ritmo, encargada de proveer la imparable batería con su formidable swing, que inunda la grabación. Se trata de un tema a medio camino entre el R&R y el R&B, que cuenta con una pegadiza melodía cantada por una voz espléndida, unos potentes solos de saxo y piano amén de unos vientos y contrabajo que aportan la armonía a una de las canciones más destacadas del LP.

El décimo tema es “This Little Girl of Mine”, un R&B con influencias de la música latina, como se puede observar por su percusión exótica y los arreglos de la orquesta de viento-metal que acompañan al talentoso músico, por lo que la música resulta alegre y vivaracha, aderezada con sendos solos de saxo y piano (ambos excelentes) y por la inconmensurable voz de Ray, que dota a la canción de una viveza y júbilo grandiosos.

En “Mary Ann” nos volvemos a encontrar con música y ritmos latinos combinados con la particular amalgama de géneros que desarrolló Charles a fin de obtener su propio estilo. Son muy destacables las intervenciones solistas del piano, llenas de color, así como las de los vientos, muy dinámicas y, apoyando ambos a la voz con sus múltiples matices, consiguen crear en conjunto una atmósfera cálida y animada.

“Greenbacks” es un ágil y vivo blues, cercano al rock and roll, como se puede advertir por la fuerza y energía que se desprende en su estribillo, cuando entran en escena todos los instrumentos. Sobresale el solo de saxo, potente y entusiasta, con cierto toque jazzístico; los apasionados arpegios que construye el piano (que son los que más recuerdan al R&R) y, claro está, la insuperable voz de Ray Charles.

Ray Charles

La penúltima canción es “Don’t You Know”, un rhythm and blues en forma de medio tiempo en el que podemos disfrutar de una melodía fina y elegante, remarcada por los sensuales acordes del piano y su seductor solo,interpretado con el singular estilo de Ray. Tenemos también un contrabajo con mucho groove y una orquesta de vientos que marca los acentos con personalidad y talento. Un gran tema.

El LP finaliza con “I Got a Woman”, una canción con mucho swing en la que la batería subraya el ritmo con alegría y entusiasmo, mientras que los vientos (con su correspondiente y brillante solo de saxo), junto con el piano y el contrabajo, crean una melodía bluesera y animada en la que Charles nos regala una de sus intervenciones más sobresalientes. El disco no podría terminar de mejor manera.

Ray Charles es, pues, un debut impresionante, sensacional, el comienzo que cualquier músico querría para su carrera, con el que disfrutaremos durante cuarenta minutos que se nos harán cortos, gracias al enorme genio de este formidable artista que, a pesar de su ceguera, supo salir adelante, demostrando al mundo que podía convertirse en un grande de la música a pesar de su discapacidad.

En definitiva, Ray Charles es un álbum extraordinario en el que podremos escuchar una gran variedad de estilos y registros, desde el blues más triste hasta el soul más jubiloso. Un disco hecho con mimo y mucho talento e inventiva que no decepcionará a los paladares más exquisitos. No os lo perdáis, lo disfrutaréis como nada.

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Little Richard – Little Richard

Puntuación: 9/10

Respetado y admirado a partes iguales, es una de las figuras más importantes y sobresalientes del rock and roll, además de ser uno de los tres padres fundadores de este género que continúan vivos (los otros dos son Jerry Lee Lewis y Chuck Berry). Y este respeto y admiración es totalmente lógico si atendemos a su larga y prolífica carrera en la que, durante 70 años, ha reunido a de millones de fans por todo el mundo.

Estamos hablando, por supuesto, de Little Richard, el famoso pianista de rock and roll y rhythm and blues que conquistó al público y tocó la cima de la fama en la década de los cincuenta, gracias a su flagrante sentido del ritmo y a sus emblemáticas canciones, siempre acompañadas de su inseparable piano.

Tras el éxito alcanzado con Here’s Little Richard, su primer álbum (podéis ver la crítica de este disco pinchando aquí) llegaba un nuevo trabajo repleto de temas igual de poderosos y rockeros que los del anterior, del que se extrajeron varios sencillos que recibieron muy buena aceptación entre el público y que hoy están considerados como algunas de las mejores muestras del potencial de Little Richard, lo que no es decir poco.

Su segundo trabajo (y última obra maestra), lanzado en 1958, se llamaba como él mismo: Little Richard; un título muy apropiado y toda una declaración de intenciones, pues en él podemos captar más que nunca la esencia y espíritu musicales del afamado pianista, que nos deleita con doce excelentes temas.

En este disco hay cabida para todo tipo de canciones, pues tenemos raudos y veloces rock and rolls así como medios tiempos que nos muestran a un Little Richard (algo) más calmado. Otro aspecto destacable son los arreglos y los diversos instrumentos utilizados, como se comentará ahora. Os dejo el álbum completo para que podáis escuchar mientras leéis y pasamos ahora a analizarlo.

El LP se abre con “Keep A Knockin'”, uno de los temas más potentes y enérgicos de toda la carrera de Little Richard. Comienza con una vigorosa batería tocando con todas sus fuerzas para dar paso, momentos después, a la inconfundible voz de Richard, acompañada por una intervenciones del saxo realmente magníficas, de un dinamismo y jovialidad que difícilmente se pueden olvidar.

La segunda canción es “By the Light of the Silvery Moon”, un rhythm and blues tocado con mucho swing por parte de la sección de viento-metal, de la que recibimos un excelente solo de saxo que juega con la melodía de la voz. Little Richard nos regala una actuación memorable, cosa a la que ya nos tiene acostumbrados, pues sus agudos, susurros y “carraspeos” son los elementos que hacen grande a este extraordinario músico.

“Send Me Some Lovin'” es un medio tiempo cercano a la balada (sin llegar a serlo) que nos ofrece a un Little Richard más comedido y con una voz más suave, pero que pronto retoma su energía habitual para obsequiarnos con una de las interpretaciones más sentidas de todo el álbum. El acompañamiento es, también, ciertamente maravilloso, con una nueva intervención del saxo que da un punto extra a una canción que ya de por sí no lo necesita.

El cuarto tema es “I’ll Never Let You Go”, una composición que fluctúa entre el R&B y el R&R en la que es difícil definir la línea que separaba estos dos géneros en los cincuenta, por lo que esta canción es muy interesante, pues toma elementos de los dos estilos haciéndola muy atractiva al oyente. En los aspectos técnicos destacan, como siempre, la increíble voz de Richard y el magnífico acompañamiento del que siempre se ve rodeado.

Recuperamos el ritmo con un puro y duro rock and roll en “Heeby Jeebies”, uno de los temas más dinámicos del LP, en el que se demuestra una vez más quién es realmente el rey del rock. Sobresale la rapidez que Little Richard imprime a las teclas del piano, confiriéndoles una velocidad endiablada; el solo del saxo, intenso como pocos; así como la batería, tocada con fuerza y garra; sin olvidarnos, claro, de la voz de nuestro protagonista.

La primera parte del LP termina con “All Around the World”, una canción animada y alegre que invita a moverse a ritmo de rock. Destacan, sobre todo, los arreglos, en los que predominan los instrumentos de viento; la batería, que realiza un trabajo sobresaliente como pocos, aportando jovialidad y brío al tema; como también el solo de saxo, ágil y empapado de musicalidad. Sin duda, una canción perfecta para terminar esta cara A.

01 - Little Richard (Front cover)

La segunda cara del vinilo original comienza con “Good Golly, Miss Molly”, un rock and roll resuelto y vivaracho en el que el piano cobra mayor protagonismo, con intervenciones ciertamente muy interesantes y atrayentes; además, la inclusión de la guitarra eléctrica acrecienta el tono rockero de la canción. El resto del tema es aderezado con los ya míticos saxos, la poderosa batería, el profundo contrabajo y la singular voz de Richard Penniman.

“Baby Face” es un rhythm and blues veloz y ligero con una melodía y ritmo muy pegadizos en el que lo que más destaca es la, por momentos, desgarra voz de nuestro pianista, la imparable energía de la batería, el complemento armónico que proporciona el piano y, cómo no, el reconocible sonido del saxo líder, distinguiéndose aquí con un solo que juguetea con la melodía principal, reelaborándola y transformándola.

En “Hey, Hey, Hey, Hey!”, en el que por primera vez escuchamos un órgano Hammond en los arreglos, sonando conjuntamente con el habitual piano y compitiendo con él en protagonismo. Si a esto le sumamos el carácter vehemente y apasionado de Little Richard y unos saxofones, batería y guitarra que dan todo lo mejor de sí, el resultado solo podría ser excelente.

“Ooh! My Soul” es un tema igual de enérgico que el anterior, irradiando intensidad y brío en cada acorde. Destacan los agudos gritos y desgarros de la voz que a propósito emite Little Richard para imprimir su personal estilo a la canción y darle un mayor ímpetu y fogosidad. Un acompañamiento musical perfecto, en el que destacan la batería y la sección de viento-metal, termina de hacer este tema inolvidable.

El penúltimo corte del disco es “The Girl Can’t Help It”, una composición viva y animada en la que Little Richard es respaldado por los coros de los músicos de la banda, que realizan un interesante contrapunto a la voz de Penninam. Sobresalen también los ágiles riffs del piano, el dinámico y potente estilo de la batería y los jazzísticos saxos, que ofrecen uno de los aspectos más interesantes de este extraordinaria canción.

“Lucille” es el último tema del LP y una de los más famosos del pianista de Georgia. Su hipnótico riff (tocado a la vez por saxos y contrabajo) te atrapa con solo escucharlo una vez, y sobre éste Little Richard construye una melodía repleta de ornamentos y adornos de la voz que enriquecen sobremanera la música. Un tema genial para terminar un álbum igualmente genial.

13 Crossroad05 Little Richard

En definitiva, Little Richard es un trabajo fresco, audaz, que se mantiene actual y vigente, a pesar de haber pasado casi 60 años desde su salida al mercado, pues es considerado por muchos como una de las referencias más importantes del rock and roll y una de las obras maestras del género.

Este disco sin duda no decepcionará a los amantes del R&R y R&B clásicos, pues contiene todos los ingredientes necesarios para ser considerado una joya de la música de los cincuenta; un tesoro que, una vez encontrado, no proporcionará más que deleite al oyente. Imprescindible. No te lo pierdas.

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